Contaminación del aire y transporte: cómo pueden las empresas contribuir a mejorar la calidad del aire con un Plan de Movilidad Sostenible al Trabajo

contaminación y movilidad sostenible

La contaminación del aire es uno de los grandes retos ambientales y de salud pública de nuestro tiempo. Aunque a menudo la asociamos con las grandes industrias, el humo de las fábricas o los episodios de esmog en las ciudades, existe otro factor que forma parte de nuestra rutina diaria y que merece más atención: la forma en la que nos desplazamos.

Cada día, miles de personas utilizan su vehículo privado para acudir al trabajo. Estos desplazamientos, que individualmente pueden parecer insignificantes, tienen un impacto colectivo sobre la calidad del aire, las emisiones de gases de efecto invernadero y la salud de quienes viven y trabajan en nuestros entornos urbanos.

¿Qué relación existe entre la contaminación del aire y el transporte?

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en su glosario sobre la contaminación del aire, explica que la contaminación atmosférica incluye partículas y gases que alteran la composición natural del aire y perjudican la salud humana y el planeta.

Entre sus fuentes se encuentran los vehículos motorizados. El uso de combustibles fósiles en el transporte por carretera libera contaminantes que afectan directamente a la calidad del aire que respiramos.

Pero ¿qué sustancias debemos tener en cuenta?

1. Dióxido de nitrógeno (NO₂)

El dióxido de nitrógeno es un gas contaminante asociado principalmente a los procesos de combustión, incluido el funcionamiento de los motores de los vehículos.

Su presencia en el aire es especialmente relevante en zonas con tráfico intenso. La exposición al NO₂ puede irritar las vías respiratorias y agravar problemas respiratorios, especialmente en personas vulnerables.

Reducir los desplazamientos realizados en vehículos de combustión ayuda a disminuir las emisiones relacionadas con el tráfico, aunque el resultado depende de los vehículos sustituidos y de las alternativas adoptadas.

2. Partículas finas: PM10 y PM2,5

No toda la contaminación que genera un vehículo procede del tubo de escape.

Las partículas PM10 y PM2,5 son contaminantes especialmente importantes por su tamaño. Las PM2,5, por ejemplo, pueden penetrar profundamente en los pulmones e incluso pasar al torrente sanguíneo.

Además de la combustión, el transporte genera partículas por el desgaste de los frenos, los neumáticos y la superficie de las carreteras.

Por eso, la movilidad sostenible debe ir más allá de sustituir un coche de combustión por uno eléctrico. También debe favorecer una reducción de los desplazamientos en vehículo privado y un mayor uso de la movilidad activa y colectiva.

3. Ozono troposférico y esmog

El ozono no siempre es perjudicial: en las capas altas de la atmósfera cumple una función protectora. Sin embargo, el ozono troposférico, presente cerca de la superficie terrestre, es un contaminante que puede perjudicar la salud respiratoria.

Se forma mediante reacciones químicas entre determinados contaminantes precursores, como los óxidos de nitrógeno y los compuestos orgánicos volátiles, en presencia de la luz solar.

El tráfico contribuye a este proceso al emitir parte de las sustancias que participan en esas reacciones. En consecuencia, reducir las emisiones del transporte también forma parte de las estrategias para mejorar la calidad del aire.

4. Gases de efecto invernadero y cambio climático

La contaminación atmosférica y el cambio climático están relacionados, pero no son exactamente el mismo problema.

El dióxido de carbono (CO₂) es uno de los principales gases de efecto invernadero emitidos por el transporte que utiliza combustibles fósiles. Otros contaminantes, como el carbono negro, también pueden influir en el calentamiento global.

Esto significa que las decisiones sobre movilidad pueden aportar beneficios en dos ámbitos: reducir determinados contaminantes atmosféricos y disminuir las emisiones que contribuyen al cambio climático.

Es importante distinguir ambos impactos al evaluar los resultados de una estrategia de movilidad: no todos los contaminantes se comportan igual ni responden de la misma manera a cada medida.

¿Cómo afectan los desplazamientos laborales a la calidad del aire?

La movilidad laboral forma parte de la actividad cotidiana de miles de organizaciones. Cada jornada, las personas se desplazan desde sus hogares hasta sus centros de trabajo, polígonos industriales, oficinas o instalaciones empresariales.

Cuando estos desplazamientos dependen mayoritariamente del vehículo privado motorizado, pueden aumentar las emisiones asociadas al transporte, la congestión y la presión sobre el espacio público.

Además, las consecuencias no se limitan a las personas que conducen. La contaminación atmosférica afecta también a peatones, ciclistas, residentes y trabajadores que desarrollan su actividad en zonas con tráfico intenso.

Por eso, cuando una empresa se plantea mejorar su desempeño ambiental, conviene que no se centre exclusivamente en sus instalaciones, sus consumos energéticos o sus procesos productivos. También debería analizar cómo se desplazan las personas vinculadas a su actividad.

La pregunta es sencilla: ¿qué impacto tiene la movilidad asociada a nuestra empresa y qué podemos hacer para reducirlo?

Pues, un Plan de Movilidad Sostenible al Trabajo (PMST); una herramienta de planificación que permite analizar los desplazamientos relacionados con una empresa y definir medidas para avanzar hacia una movilidad más sostenible, segura y eficiente.

Su objetivo no consiste simplemente en recomendar que las personas dejen de utilizar el coche. Se trata de conocer la realidad de cada centro de trabajo, identificar las barreras existentes y proponer alternativas viables para las personas trabajadoras.

Un PMST bien planteado puede contribuir a reducir el uso individual del vehículo privado, mejorar la accesibilidad al centro de trabajo y disminuir las emisiones asociadas a los desplazamientos.

La movilidad sostenible también es una cuestión de salud pública

La contaminación del aire no siempre se percibe a simple vista. Sin embargo, sus efectos pueden estar presentes incluso cuando el cielo parece despejado.

No podemos resolver el problema de la contaminación atmosférica desde una única organización, pero sí podemos actuar sobre los desplazamientos vinculados a nuestra actividad.

Un PMST permite transformar esa responsabilidad en un plan concreto: conocer la situación actual, identificar alternativas, implicar a las personas y medir los avances. Porque avanzar hacia un aire más limpio también empieza por cómo vamos a trabajar cada día.

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